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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Parábola de la sal. Estudio de la sal en la Biblia. NT

Parábola: Sal insípida.
(Mc 9, 50. Mt 5, 13. Lc 14, 34.)



“VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA. SI LA SAL SE PONE SOSA ¿CON QUE SE SALARA? YA NO SIRVE MAS QUE PARA TIRARLA A LA CALLE Y QUE LA PISE LA GENTE.”

La sal era el símbolo de la permanencia de la Alianza. La sal se usaba siempre en los contratos incluso hasta el Medievo europeo y, por eso, se llamaban "contratos de sal". Como la sal conserva, impide la putrefacción, es símbolo de eso, cuando se hacía un pacto entre dos se regalaban mutuamente un saco de sal para significar "este pacto es incorruptible". Era la señal de la fidelidad. Y esto aparece ya en el Antiguo Testamento. En todo sacrificio que se hacía en el Templo había que echar un puñado de sal, ya que eso justificaba que ese sacrificio era según la Alianza, es decir, que perpetuaba la Alianza. La sal era la garantía de la perpetuidad de la Alianza. Aún más, hay dos textos en los que Dios mismo dice: "He hecho con Aarón un pacto de sal", y "Yo he hecho con David un pacto de sal". Esto quería decir que Dios había hecho con Aarón y David un pacto que duraría para siempre, que sería incorruptible. De manera que la sal era el signo de la perpetuidad, la garantía de la continuidad de la Alianza.
Y ahora dice: "Vosotros sois la sal de la tierra". Es decir, depende de vosotros el que esta nueva Alianza con los hombres siga existiendo. Vuestra conducta será la garantía de que existe esta nueva oportunidad que da Dios a los hombres, esta nueva efusión de su amor a través de Jesús, que ha expuesto en el programa de las Bienaventuranzas, la posibilidad de la creación de esa sociedad nueva que es su Alianza.
"Si la sal se pone sosa ¿con qué salará?". Si la sal pierde el sabor. La frase que usa aquí Mateo es "se pone tonta" o " se vuelve necia", y lo hace a propósito porque es que, al final de este Sermón de la Montaña, viene la parábola de las dos casas: "El hombre prudente, el hombre sensato, es el que edificó su casa sobre roca, y vino la inundación y su casa resistió. Este es el que escucha mi palabra y la pone por obra. El necio edificó su casa sobre arena, vino la inundación y su casa se derrumbó. Este es el que escucha mi palabra y no la pone por obra". De manera que la sal necia es la comunidad que escucha el mensaje de Jesús, pero no lo practica. Y, entonces, ¿con qué se le dará sabor a esa sal ya? Si están encandilados con el mensaje y en la práctica lo están traicionando ¿quién le va a hablar ya del mensaje a esa comunidad, si se lo sabe de memoria?
"Ya no sirve más que para tirarla a la calle y que la pise la gente". Es la cosa más despreciable del mundo. La sal que no sala ya no sirve para nada. La comunidad cristiana que, de alguna manera, ya no vive ese mensaje, es digna de desprecio de la humanidad entera. Esto parece cruel, pero tengamos en cuenta que esto no es una ley, sino un proceso, una maduración, que esto es un amor que se va poniendo en práctica. Aquí no estamos hablando de que el Señor obliga a hacer esto, él no obliga a hacer nada, él no ha dicho "Yo mando" en ninguna ocasión. Es que ese Espíritu que recibimos vaya madurando, que vaya llenando nuestro ser y, a medida que ese amor nos llene, sentiremos el deseo de ponerlo en práctica.
Esto está en relación con esas tres bienaventuranzas que hablan de la liberación: "Dichosos los que sufren, porque ésos van a recibir el consuelo". "Dichosos los sometidos, porque ésos van a heredar la tierra". "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ésos van a ser saciados". Esto es una promesa de liberación, porque va en futuro, y entonces es: si las comunidades cristianas existen en esa opción, esa es la garantía de que esta obra de liberación va a ir existiendo en el mundo. Vemos la enorme responsabilidad de los cristianos. Una responsabilidad total. Pero, sin embargo, la realidad es que nunca nos habían dicho esto. El cristianismo que hemos aprendido nunca nos ha enseñado que hay que vivir así, que se trata de formar comunidades que sean el principio de una sociedad diferente. Por tanto, no es cosa de tener remordimientos. Pero ahora que empezamos a saberlo, vamos a ver si empezamos a practicarlo.
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13).
Las Biblias de estudio tienen una nota para el versículo de referencia que dice lo siguiente: “Este dicho supone el gran aprecio que se tenía por la sal, pues además de servir para dar sabor (cf.Job 6:6) y conservar los alimentos, se usaba en diversas ceremonias religiosas (cf.Lv 2:13; Nm 18:19 n). Cuando no era pura, caso frecuente entonces, podía perder su sabor.”
Las dos comparaciones de la sal y la luz hay que interpretarlas con el prisma de las bienaventuranzas, en las cuales “se describe” cómo deben ser los discípulos de Jesús.
La interpretación tradicional de este versículo indica que la sal se usaba en el mundo antiguo para dar sabor a los alimentos; en pequeñas dosis como fertilizante; y también como conservante: se frotaba la carne con sal y esto retrasaba el proceso de descomposición.
En sentido estricto, la sal no puede perder su sabor, dado que el cloruro de sodio es un compuesto estable. Pero la mayor parte de la sal que se utilizaba en esos tiempos era obtenida de marismas (alguna del Mar Muerto), y contenía impurezas que podían hacerla descomponer y perder sus cualidades, tanto de sabor como de conservante. Era entonces esparcida en los lugares públicos y en las terrazas, donde el constante pisar de la gente hacía endurecer el suelo y evitar las filtraciones de agua.
La sal es como una fuerza interna y condimento de todos los alimentos que tomamos. Y así como los alimentos necesitan la sal, y el cuerpo humano la necesita, toda la humanidad necesita ser vigorizada y sazonada por el testimonio de los discípulos. Los cristianos son el vigor interno de la humanidad.
Pero como somos seres humanos, nuestra vocación cristiana puede debilitarse y venirse al suelo, no sólo en la vida personal del discípulo, sino que deja de ser fuerza y sazón para los demás.
“El simbolismo religioso de la sal estaba muy extendido en el mundo antiguo, tanto en el greco-romano como en el semítico; la sal aparecía principalmente como la imagen de aquello que purifica, o da gusto (Job 6:6), o conserva o, de una forma más general, confiere precio, valor, utilidad a aquello que debe ser salado. Los sacrificios eran abundantemente salados (Éxodo 30:35; Levítico 2:13), como también los recién nacidos (Ezequiel 16:4); compartir la sal era signo de alianza. Marcos 9:49 significa probablemente que todo hombre será purificado por el fuego del juicio; se debe preparar entonces para eso (cf. I Corintios 3:13; Colosenses 4:6).
Una forma primitiva de este versículo (Mateo 5:13), se encuentra en Marcos 9:50 y es tomado casi sin cambios por Lucas 14:34. Mateo innova asimilando la sal a los discípulos ellos mismos; está siguiendo su línea de pensamiento general: los discípulos, haciendo las obras (versículo 16), o dando testimonio del Evangelio (interpretación clásica de los protestantes) darán sabor a la tierra.
La tierra es la humanidad entera, el mundo habitado, como en 9:6; 10:34; 12:42; 24:30. Se percibe la nota universalista y misionera cara a Mateo. La dificultad es que la sal, químicamente hablando, no puede perder su sabor; de allí surgen tres interpretaciones posibles: 1°) Jesús hace alusión a una sal de mala calidad, obtenida del Mar Muerto, que, efectivamente perdía su sabor al pasar de un cierto tiempo; 2°) el texto original en el paralelo de Marcos insiste sobre el tesoro (de la Palabra, el Reino, la fe) confiado a los discípulos, tesoro que, en sí mismo, no puede perder su gusto, pero puede ser perdido, usado con negligencia, o utilizado solamente para las necesidades egoístas de la Iglesia, y, por lo tanto, negado a los demás; la imagen de la sal que pierde su sabor se trasladaría entonces de la sal misma a aquellos que tienen la responsabilidad de sazonar la tierra; 3°) los discípulos son la sal de la tierra por sus obras (2a. parte del versículo 16); todo el pasaje es una exhortación a realizar obras; si no las hacen, los discípulos se volverán inútiles, incluso peligrosos, y odiados por la gente; lo impropio de la imagen (la sal perdiendo su sabor) sirve para subrayar la gravedad de lo que le sucederá a los discípulos si dejan de realizar las obras. En el contexto de Mateo esta última interpretación nos parece la más adecuada.”



La sal en la Biblia:


En el Antiguo Testamento encontramos una mención muy importante en referencia al poder, en este caso negativo y destructor de la sal: la historia de la mujer de Lot. Según el libro sagrado, Lot (hijo de Harán), y su tío Abraham (padre del pueblo judío) vivieron juntos durante varios años hasta que el crecimiento de sus rebaños y la carencia de pasto les obligó a separarse. Tiempo después, cuando Lot se encontraba en Sodoma (ciudad que junto a la de Gomorra se supone que estuvo ubicada en el actual Mar Muerto), fue hecho prisionero. Tras ser rescatado por Abraham, los ángeles le anunciaron que, en breve, destruirían la ciudad, por no ser grata a los ojos de Dios dado el comportamiento de sus habitantes.
Cuando las entidades celestes le indicaron que él y su familia se salvarían si huían por tener un corazón puro, sólo le imponen una condición: que bajo ningún concepto debe mirar hacia atrás y, como se nos dice en Génesis 19: «Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura con todos los moradores de aquellas ciudades... Entonces la mujer de Lot miró a espaldas de él y se volvió estatua de sal».
La sal ha estado directamente relacionada con los dioses, así vemos que en el sermón de la montaña Jesucristo denomina a sus discípulos como «la sal de la tierra». En Mateo 5,13 leemos: «Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?».
Para los cristianos, Jesús estaba considerado como «la sal redentora que penetra el cielo y la tierra» y al igual que a la sal, a Jesús se le atribuye y compara con los atributos de la sal, pues se afirma que él tiene toda la fuerza y el sabor, al tiempo que es el verdadero protector contra la corrupción. Dicho de otra forma, como la cal es capaz de conservar y preservar de la podredumbre. La sal simboliza la incorruptibilidad, y es por esta razón que la alianza de la sal designa una alianza que Dios no puede romper.
Siguiendo en este viaje por las creencias y la sal, vemos que para los antiguos hebreos era un elemento sumamente importante. Todo rito u ofrenda debía estar presidido por la sal como sustancia consagradora. El Levítico 2,13 menciona la sal que debe acompañar a las oblaciones: «Y sazonarás toda ofrenda de tu presente con sal; y no harás que falte jamás de tu presente, la sal de la alianza de tu Dios».

1 comentario:

  1. GRACIAS POR COMPARTIR TU ESTUDIO ME PARECE MUY INTERESANTE.....DTB

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